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Por Ana Ruth Giustachini Por cierto que muchísimos manuales que se presentan a los docentes todos los años son excelentes, pero muchas veces nos encontramos con algunos que simplemente gastan papel tan solo para presentar a niños de 11 o 12 años hojas para recortar, informaciones obvias, y a veces erróneas. Como educadores debemos preguntarnos si no será un excelente negocio de las editoriales cambiar el manual cada año y obligar así al hermanito de quinto a no poder usar el de su hermano que pasó a sexto y desembolsar cuarenta, cincuenta o sesenta pesos.
¿Que sucedía hace años cuando el Manuel del Alumno Bonaerense era utilizado por toda la prole y el maestro EXPLICABA, Y MUCHO? Y no hace falta viajar en el tiempo sino en el espacio y preguntarnos cómo trabajan los maestros rurales, sin Internet, y solo con pizarrón, hambre y escasos recursos. Me van a contestar que el manual ordena, por supuesto que sí, pero no acepto que me digan que son necesarias actualizaciones todos los años. La tabla periódica de los elementos, el uso del subjuntivo y del potencial, y los reyes de Francia del siglo XVII no cambiaron. Sí se modificó el enfoque de la información. Allí el docente debe ser el guía de nuevas concepciones, puntos de vista y perspectivas. Nos corresponde a los educadores ser sembradores de dudas, interpretaciones y debates, despertadores de la curiosidad, una de las más importantes fuentes de sabiduría. Pero por sobre todas las cosas, nos corresponde ser AMANTES DE LA VERDAD QUE SE CONSTRURYE CON EL DISENSO, LA DISCUSIÓN, LOS DIFERENTES PUNTOS DE VISTA QUE MUCHAS VECES APORTAN LOS NIÑOS Y ADOLESCENTEs Y QUE NOS SORPRENDEN Y NOS PERMITEN APRENDER AÚN MÁS. Para estos dones no hay manuales que valgan, son una elemento útil pero no absolutamente necesario. Manuales, hay muchos, buenos hay pocos. Asimismo debemos supervisar la información de Internet, gran herramienta que, como todo, tiene errores. Cuando pedimos manuales caros no debemos olvidar que muchas editoriales han reeditado novelas, antologías de cuentos sabiamente comentados. Comprar cuentos de Horacio Quiroga, Adolfo Bioy Casares, novelas de Julio Verne, Marco Denevi, obras teatrales de Conrado Nalé Roxlo, relatos de Edgar Allan Poe, es más económico y nos pone en contacto con el libro, más allá de la información necesaria pero fragmentada del manual. Muchísimos textos narrativos y dramáticos hacen que los niños entren al mágico mundo de la lectura en el que está permitido soñar, imaginar, volar por mundos de fantasía y no quedar estancados en una sola opinión. Sé que lo que afirmo puede generar polémicas, y con ellas aprenderemos todos. ¡Bienvenidos discusión y el diálogo!
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